sábado, 3 de enero de 2015

VALOR (2x19)

No quiero estar con nadie más que conmigo misma. Hasta una leve respiración cercana me molestaría. En estos momentos maldigo al mundo y, sobre todo, al noventa y nueve por ciento de la población. Ojalá no existiésemos nadie más que la gente que me importa y yo. Y puede estar sonando extremista, pero es muy duro que todo lo que hay a tu alrededor condicione tu vida. O, mejor dicho, te arruine la vida. Duelen los comentarios inapropiados, los oídos sordos o la despreocupación de las personas que lanzan palabras sin saber el daño que provocarán. Duele ser el centro de todas las miradas y que ninguno de esos ojos te den la confianza suficiente como para seguir hacia adelante. Estar rodeado de ruido y querer estar sorda. Tener tantas cosas que decir pero preferir cobijarte en el silencio. Aparentar que vives la vida que te gustaría vivir significa no vivir. 

Patri la atrevida, la loca, la arriesgada, la que no sabe estar quieta, la que no conoce el estado de tranquilidad, la que hace lo que le apetece sin pensar en el qué dirán. Así era yo. Así me describía a mi misma y así me describían los demás. Y me encantaba. Pero desde hace un tiempo no puedo comportarme de tal manera. Estoy limitada. La libertad de la que me gustaba presumir se fue cuando me enamoré de la cantante de moda. Lo he aguantado durante muchísimo tiempo. Incluso he intentado hacer un juego eso de escondernos para aparentar que no somos nada ante los ojos de los demás. Pero no puedo más. Vivir así es como estar presa. Encarcelada en sus labios, sus ojos y sus gestos pero, lo mires como lo mires, a nadie le gusta vivir en prisión. La quiero más que a nada y eso es innegable. Sino no hubiera vuelto con ella sabiendo lo que suponía salir con un famoso. Malú me encanta. No podré amar a nadie nunca como la amo a ella. Y, aunque en la calle no pueda ni estar a su lado, sé que al llegar a casa uno de sus besos será la cura de todos mis dolores. Es difícil ir con tu pareja a tomar algo y no poder ni acariciarla. O no poder ir a la playa porque todo el mundo quiere hacerse una foto con ella. O no poder cogerla de la mano. Es muy difícil cuando tienes enfrente a la persona con la que quieres pasar toda tu vida y, si hubiera más vidas, también las querrías pasar con ella. A pesar de todos los inconvenientes me supe hacer fuerte. Me repetía día tras día que nuestro amor era más fuerte que la distancia o que los periodistas. He podido superar al problema durante mucho tiempo hasta que me he desbordado. 

Pienso en todo esto sentada en una fría roca alejada de todo lo molesto. A mi alrededor solo hay árboles, plantas y más vegetación. Pero, sin lugar a dudas, lo mejor son las vistas. Madrid a mis pies. Todo es tan pequeño visto desde aquí... Edificios emblemáticos que a esta distancia son más pequeños que mi propio meñique. Coches convertidos es simples ráfagas de luz. Y silencio. El silencio que necesito para que las ideas fluyan en mi cabeza. Viéndolo todo desde esta perspectiva me siento un poco más libre. Puedo observarlo todo sin que nadie me observe a mi y eso hace que por un momento pueda liberarme de todo lo que me ata y ser yo misma, aunque sé perfectamente que esta libertad desaparecerá en cuanto baje a esa ciudad que ahora mismo parece tan inofensiva. 

Este lugar a las afueras es especial. Aquí solía venir en esa época de mi vida de la que no me gusta hablar. Una discusión con mi madre me hizo querer huir de todo. Cogí mi coche hasta llegar aquí y me encontré con esta preciosidad de lugar. Hasta ese momento nunca había sabido valorar un paisaje, pero me di cuenta de que ese sitio, tan vacío de gente y tan lleno de magia, me hacia sentir especial y olvidarme de los problemas. Entonces, cada vez que me siento débil acudo a mi refugio para coger fuerzas. Solo son rocas, plantas y espacio libre, pero se han convertido en un apoyo fuerte para mi, más por ritual que por otra cosa. He perdido la cuenta de las veces que he derramado lágrimas aquí sentada. Noches calurosas, días fríos e incluso tardes en las que la lluvia caía por mi cuerpo sin pausa. Hoy es noche cerrada y la temperatura es muy baja. Probablemente no supere los diez grados y unas pequeñas ráfagas de viento hacen que sienta el frío hasta en los huesos. Al haber salido corriendo sin preparar nada, mi abrigo fino es lo único que tengo para cubrirme. Me lo cierro hasta el cuello y después me acerco las manos a la boca para internar calentarlas con el aire que sale de mi boca. 

-Sabía que estarías aquí. - Me giro de golpe por el susto que me da escuchar una voz en ese sitio tan solitario. Allí está ella. La chica de mis sueños. Por la que estoy aquí y por la que me gustaría estar besando la misma piel toda la vida. Lleva puesto un enorme abrigo y trae en las manos una gran manta negra. Se acerca a mi y me cubre con ella. - Hace mucho frío... - No respondo y vuelvo a dirigir mi mirada a las luces de la ciudad. No sé qué decir. Una vez más me ha encontrado y, una vez más, me alegro de que lo haya hecho. Porque todo eso que he dicho de que en este momento prefiero estar sola se derrumba cuando aparece Malú. Por ella rompo lo que haga falta, incluso mis propios principios en más de una ocasión. Se sienta con cuidado en la misma roca que yo y pega su cuerpo al mío. El frío ha descendido considerablemente desde que está a mi lado. 

-¿Cómo has sabido que estaría aquí? - Mi voz sale débil. Con menos fuerza de la que yo me esperaba. 

-Fue fácil. Le dijiste a mi madre que ibas a ir a casa de tu hermana a descansar y pensar, pero Carolina me llamó preguntando por ti. Tenía que buscarte y éste fue el primer sitio que se me ocurrió. Sé lo importante que es para ti. 

Hace tiempo le enseñé a Malú este lugar. Fue un día que parecía que nada podía salirme peor. Problemas en el trabajo, discutí con mi hermana, mi abuela empeoraba por momentos... Acudí a casa de mi chica en busca de apoyo. Recuerdo hasta la presión en el pecho y la falta de aire de ese momento. Mi novia me cogió de las manos nada más verme y me sentó en el sofá. Me pidió que le dijera algo, cualquier cosa, que pudiéramos hacer para olvidarme de todos los problemas. Jamás se podía haber imaginado que el único plan que me apetecía era sentarme en enseña roca que tanto sabe de mi y llorar. La llevé allí, con mantas y algo caliente para beber, y nos pasamos toda la  tarde y parte de la noche mirando el paisaje. De vez en cuando nos dirigíamos algunas palabras, pero no era necesario decir nada en esa situación. Ella lo sabía y se pasó abrazándome todo el tiempo. Así conoció el lugar por primera vez y lo ha visitado junto a mi en muchas más ocasiones. 

-Lo siento, Malú... Estabas en el baño, yo no sabía que hacer, los fotógrafos y los periodistas me agobiaban... - Bajo la cabeza y una gota diminuta desciende por mi mejilla. - Huir no era la mejor opción, pero lo hice. 

-Patricia... No tienes culpa de nada. Me he pasado toda la vida siendo yo la que huía de los problemas. Incluso hoy, que te he dejado sola ante el peligro mientras yo me escondía en el baño. La que tiene que disculparse soy yo. Esta noche te ha tocado a ti derrumbarte y me parece totalmente normal. 

- Malú yo te quiero, y creo que te lo he demostrado durante todo el tiempo que llevamos juntas. - Asiente y se le escapa una diminuta sonrisa. No miento si digo que mi único objetivo en la vida desde el día en que la conocí es hacerla feliz. - Pero el tema de la prensa cada vez me sienta peor. Entiendo que no te haga gracia que la gente sepa de tu vida privada, pero a mi me mata no poder ni pasear por Madrid contigo. Sé que te he dicho alguna vez que me da igual eso, que es una tontería, pero ahora me doy cuenta de que no es una tontería. Son las cosas básicas que hace una pareja normal y nosotras no las podemos cumplir. Yo quiero estar contigo, sea como sea, porque lo necesito. Pero también te digo que no hay cosas en nuestra relación que no me permiten ser tan feliz como quisiera. - Suelto el aire de golpe cuando termino de hablar. Quizás todas esas ideas llevaban mucho tiempo en mi cabeza y hoy han salido todas de golpe porque no podía retenerlas más. Ella tiene mi mano entre las suyas y la mira fijamente. Me da miedo que todas mis palabras le hayan sentado mal o que directamente no quiera saber nada de mi.

-Mi vida se resume en falta de valor... - Comienza a decir con varias lágrimas cayendo por su rostro. - En el fondo siempre he sabido que así no se puede ser feliz ni ser una pareja. He preferido ocultarlo, no pensar en ello, pero no puedo engañar a nadie. Yo tampoco soy plenamente feliz. Tengo falta de valor para enfrentarme al qué dirán, para someterme a preguntas de la prensa, para saber la opinión de mis fans, para ver las reacciones de mi entorno... Incluso cuando te dije que íbamos a contarlo poco a poco tenía el valor por los suelos. Lo único que pretendía era retrasar el momento. - Paso una parte de la manta por su rostro y le limpio. - Y por lo que peor me siento es por ti. Porque sé cómo eres de atrevida, y sé que no te gusta nada aparentar que eres alguien que en realidad no tiene mucho que ver contigo. Pero lo has hecho durante mucho tiempo por mi y, en cambio, yo a ti no te he recompensado nunca. 

-Si he hecho eso es porque he querido. Yo elegí aparentar ser alguien que no soy, igual que elijo estar contigo a pesar de todos los obstáculos. 

-Patri, eso es muy bonito y son todas esas cosas que me encantan escuchar, pero la realidad no es así. Vale ya de medias verdades. Esto tiene que acabar o ninguna de las dos vamos a ser felices... - Lo dice tan segura de sí misma que me tiemblan las manos y el corazón me va a mil. Las lágrimas vuelven a acumularse en mis ojos y me pongo muy nerviosa. 

-No, no. Me niego a terminar lo nuestro. 

-No vamos a terminar nada. Vamos a hacerle frente a los problemas de una vez. Lo vamos a contar y punto. Te quiero a ti. Conmigo. Felices y para toda la vida. Y la única forma de poder cumplirlo es derribar los muros y atreverme a hacer lo que nunca he hecho. 

-¿Estás segura de esto?

-No, pero los mejores momentos nunca vienen de decisiones fáciles. 



Sonrío y la beso con más ganas que nunca tras escucharla decir eso. Me encanta verla tan segura de sí misma y con esas ganas de comerse el mundo que también muestra cuando está subida a los escenarios. Sus ojos brillan entusiasmados y su sonrisa me vuelve loca. También en esa sonrisa irresistible percibo los nervios por lo que está a punto de hacer. Y yo estoy pletórica. Orgullosa de ver que va a dar uno de los pasos más importantes de su vida y lo va a hacer por mi. 

-¿Y cómo lo vamos a hacer? 

-Tengo la entrada de casa llena de periodistas y me parece una oportunidad genial. 

Se levanta apresuradamente y tira de mi. Hasta yo pienso que su plan es descabellado. Son más de las 2 de la mañana, pero da igual la hora cuando se trata de empezar a hacer realidad nuestros sueños. Nos metemos cada una en nuestro coche. El plan es ir a mi casa primero para dejar mi coche y, las dos en el mismo vehículo, llegar a su casa. Y así va sucediendo todo. Sin pausa. Mi chica no para de sonreír a la carretera y de contagiarme su positividad. Esta radiante con ese brillo en los ojos. Solo percibo un poco de nerviosismo en la última curva antes de llegar a su casa. Desciende el ritmo del Audi y traga saliva. Entonces soy yo la que besa su mejilla y le dice que todo va a ir bien. Asiente y vuelve a sonreír como no había parado de hacer en el resto del trayecto. 

Y, tal y como esperábamos, la entrada de su casa está llena de cámaras y periodistas. Son como una manada de perros hambrientos de exclusivas. Cuando ven nuestro coche acercarse a la casa comienza la estampida. El revuelo de gente de un lado para otro me agobia, pero gracias a Malú ya tengo la fuerza como para no derrumbarme y no volver a salir huyendo. Al contrario que en otras ocasiones, la cantante decide dejar el coche en la puerta y no meterlo en el garaje. Lo hace para que los periodistas nos vean y poder confirmar lo nuestro. Tengo dudas. No sé cómo va a decirlo ni cuál será la reacción de toda esa gente, pero deseo que pase ya. Cuando aparca, sale del coche y espera a que yo también lo haga. Las preguntas ya salen disparadas de sus bocas sin ninguna barrera. "¿A qué se ha debido el beso?, ¿confirmáis la relación?, ¿cómo crees que va a influir esto en tu carrera?" Podría responder yo misma a todas las preguntas, pero no es mi momento. Es el momento de que Malú tome las riendas. Coge aire un par de veces y después me agarra la mano. Sonríe. Parece estar más segura y yo también lo estoy. Empezamos a andar hacia la puerta principal a paso ligero y, justo cuando llegamos, mi chica se da la vuelta y mira a todas esas personas. 

-Creo que todo está bastante claro y no hace falta que diga nada, pero por si tenéis dudas y necesitáis llevar imágenes a vuestros jefes, os lo voy a poner fácil. - Me mira a mi y cuando me doy cuenta de sus intenciones me echo a reír. Me besa. Un beso largo aunque no es más que un contacto de labios. Algunos aplauden, otros nos ovacionan y otros no dicen nada. Cuando se separa empieza a reírse ella. Por fin la veo tan feliz como me gustaría verla siempre. Vuelve a girarse para ver a los periodistas. - Y ahora dejadnos un poco, por favor. Cuando las cosas se asienten hablaré. 

-Una última cosa, Malú. - Una joven chica con el pelo recogido y una gafas negras se atreve a romper el silencio. La cantante, con unas buenas formas que no sé de dónde las saca, asiente y espera la pregunta. - ¿Ha tenido que ver tu desmayo en el escenario con todo este tema del beso?

-Supongo que se me junto todo y sí, tuvo que ver. Pero ya estoy bien, no ha sido para tanto. Gracias por preocuparos. 

Abre la puerta de casa, nos mete a ambas dentro y vuelve a cerrar. Se deja caer en el suelo y respira seguidamente. 

-Lo he conseguido... - Murmura. - He conseguido ese valor que nunca he tenido. ¡Joder, me siento genial! - Se levanta y empieza a bailar pasos sin sentido. Me encanta verla así de feliz, pero aún me queda una pregunta en el tintero. 

-Es genial, pero Malú, explícame eso del desmayo. 

-No es nada, solo que me desmayé en el escenario por la presión. - Como salí corriendo de allí no me enteré de nada y ahora es cuando me siento culpable de ello. 

-¿Solo un desmayo? Amor, túmbate anda. Tendrás que reposar. 

-No te preocupes, el chico de la ambulancia me dijo que si no me dolía la cabeza es que todo iba bien y mírame qué bien estoy. 

-¿Ambulancia? ¿Para tanto fue?

-Cariño, me caí redonda en el suelo. 

-Joder, joder. Y encima en directo. Solo con imaginármelo se me pone un nudo en el estómago que...

-Eh, tranquila. - Rodea mi cuerpo poniendo sus manos en mi cintura y me mira a los ojos tiernamente. - Estoy bien, y ahora que por fin podemos ser plenamente felices juntas, no quiero malos rollos. Te quiero. Aquí. Conmigo. Y siempre. 

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