Narra Patricia.
-¡Felicidades, cari! - Malú salta sobre mi espalda y noto inmediatamente un crujido. - ¡Despierta! ¡Qué es tu día!
-Me encantaría poder girarme y agradecértelo. - Apenas me sale la voz por la presión de su cuerpo. Se disculpa entre risas y se levanta un poco para que me pueda poner boca arriba. Vuelve a sentarse en mi tripa y rápidamente me besa con ganas, quitándome por completo el sueño que me acompañaba. No hay mejor fuente de energía que ella. - Muchas gracias, cielo.
Pasamos un buen rato rodando por las sábanas. Ella buscando la mejor forma de felicitarme y yo la manera de agradecérselo. Y os aseguro que ambas quedamos satisfechas. Todavía no he encontrado mejor manera de amanecer que esa. Su cuerpo y el mío acompasado, prometiéndonos sin palabras que somos la una de la otra. Al acabar caigo rendida, en varios aspectos, sobre ella. Rendida en su pecho, porque tiene un ritmo desbocado en la cama, y rendida a ella, porque no puedo quererla más.
-Bueno, ¿y cuál es el plan para hoy? - Pregunto mientras desayunamos. Está envuelta en una toalla y el pelo mojado le cae por los hombros. Por un momento vuelvo a prendarme de su imagen, hasta que se da cuenta y se ríe tímidamente, entonces... Entonces me pierdo en su sonrisa. No tengo remedio.
- No sé, ¿qué has pensado? - Hace un intento nefasto de ponerse seria.
-Cielo, esta semana ha habido muchos mensajitos y llamadas ocultas.
-Será porque tengo un amante... - Me río exageradamente y ella se da la vuelta. Sabe que si la miro a los ojos está perdida. - ¿Qué pasa? ¿No me ves capaz de estar con otro? - Duda un momento. - O con otra...
-A ver, bobita mía. - Me levanto y la abrazo por la cintura, hundiendo mi cabeza en su cuello. - Tú podrías estar con quien quisieras, es más, prefiero no pensarlo. - Entonces me pongo frente a ella y busco sus ojos, que en cuanto chocan con los míos sonríen. Y ya está rendida. Seriamente, sabré que se ha roto algo entre nosotras cuando ese truco me falle. - Pero si tuvieras a otra persona notaría algo, te conozco demasiado. Así que... Cuéntame el plan.
- A ver... - Con una sonrisita se da por vencida y comienza a hablar. - Te llevo a casa de tus padres, comes, te recojo cuando me digas, vamos a casa de mis padres y por la noche... ¡Sorpresa!.
-¿Sigues con lo de no querer ver a mi madre?
-Es mejor que no vaya... - Baja la mirada. - Podríamos acabar discutiendo y no me apetece arruinarte el cumpleaños.
-Pero cielo, quiero pasar todo el día contigo. - Mis dedos empiezan a juguetear con el borde su toalla, descubriendo poco a poco su cuerpo. - Por favor...
-No, lo siento. - Aparta mi mano, me da un beso y se va sin más. - ¡Y no me tientes! ¡Tengo que preparar la sorpresa de esta noche!
-¡Ey! - Salgo corriendo tras ella escaleras arriba. - ¿Qué es?
- ¿Tú qué entiendes por sorpresa? - Pregunta vacilante.
Empieza a vestirse mientras yo no puedo hacer otra cosa que mirarla. Revuelve mi armario hasta que encuentra una camiseta de su agrado. Es de tirantes y lleva estampado un atrapasueños de colores. Al parecer ha decidido usar mi ropa. Me hace un gesto con la mano y me doy cuenta de que debería estar en la ducha hace rato. Bajo el agua intento atar cabos para descubrir su sorpresa. No me cuadra nada. La mayoría de cosas que pasan por mi mente ya las hemos hecho otros años. De noche y que tenga que organizar ella sólo se me ocurre una fiesta, pero eso es imposible por que la fiesta la hemos planeado juntas y es al día siguiente por la noche, en un local de Madrid que alquilamos para la ocasión. Tengo claro que su regalo me va a encantar porque me conoce, pero no consigo quitarme las hormigas que han acampado en mi estómago por los nervios. La verdad es que no me puede ir mejor. Siento que mi vida ha vuelto a su cauce de la mejor forma posible. La tengo a mi lado otra vez y en unos días empezaría mi nuevo trabajo. Fotógrafa de Dani Martín, el chico que marcó mi adolescencia. ¿Quién me iba a decir hace unos años que pasaría de ser una simple fan a trabajar para él? Cuándo pienso las vueltas que ha dado mi vida me resulta irónico. He acabado trabajando para Dani y mi novia es Malú, que ambos eran mis ídolos de joven. Parece ser que lo mío es cumplir sueños.
Tras muchas vueltas frente al espejo acabo poniéndome una falda holgada con estampado floral corta y una camiseta de tirantes blanca que complemento con unos tacones marrones. Para la cara no me complico demasiado. Un maquillaje suave que destaca mis ojos y todo el pelo hacia un lado. Esto último lo hago porque a sé que a mi chica le encanta. Sonrió frente al espejo y me dispongo a bajar al salón, pero cuando voy a poner el pie en el primer escalón veo a Malú hacer movimientos sospechosos. Rebusca en un cajón hasta sacar las llaves de repuesto que tengo guardadas. Deshago mis pasos antes de que se de cuenta de que la he visto y me siento en la cama a reírme. Esa mujer era un show y de discreta le quedaba poco. Ahora también sé que su sorpresa es en mi casa. Vuelvo a bajar, pero esta vez se lo hago saber dando un grito.
-Estás preciosa. - Coge mi mano haciéndome girar sobre mí misma, y paramos riéndonos cuando nos damos cuenta de que ese gesto ha quedado muy de princesa Disney. - Menudo par de ñoñas somos.
-Perdona, pero yo no era así. Me has convertido en otra.
- ¿Estás de coña? A ver, princesa... - Hace especial énfasis en esa última palabra. - Tú siempre has sido cursi, lo que pasa es que cada vez lo ocultas menos.
-¿No se supone que en las parejas normales es al revés? - Señalo. - Cuanto más llevan juntos, menos detallistas y románticos son.
-Pero es que tú y yo no somos una pareja normal. Somos especiales. - Coge mi cuello con ambas manos y une nuestros labios. - Y vámonos, que no llegas.
- Lo que yo decía... Ñoñas de cojones. - Avanzo un par de pasos hacia la puerta principal y, de pronto, me da una palmada en el culo. Al girarme está riéndose de forma traviesa. Sale corriendo, me adelanta y se mete en el coche. A todo esto, hace rato que me duelen los mejillas de tanto sonreír. Creo que al día siguiente tendré agujetas en la cara, porque sé que me deparan muchas más risas.
El resto del día se va sucediendo tal y como Malú dijo. Primero me deja en casa de mis padres. Allí todo es genial: buena comida, mi tarta favorita, risas... Además, se me pone un nudo en la garganta cuando me dan mi regalo. Es un colgante que perteneció a mi abuela y, al parecer, ella deseaba que yo lo tuviera. Estoy feliz porque todo el mundo a mi alrededor está feliz. Y porque es mi cumpleaños, claro. Bailo con mi hermana, mi cuñado e incluso con mi padre. Lo único que me falta es ella. No sabéis lo que deseo que arregle las cosas con mi madre porque, a pesar de que estoy contenta, tengo una pequeña sensación de vacío que sólo podría rellenar mi chica. Aún así disfruto de la comida, recordando momentos de la infancia y pidiendo deseos, como cada año.
A las seis no lo puedo evitar más y la llamo para que venga a recogerme. A través del teléfono oigo como mueve cosas y, lo admito, paso miedo por mi casa. A saber lo que se le ha ocurrido. A mi madre no le hace ninguna gracia que me vaya tan pronto. Dice que ese día es para pasarlo con ellos, pero lo que no quiere admitir es que la familia de mi chica también es mi familia.
-Mamá, no voy a quedarme. Es mi cumpleaños y me apetece ver a la gente a la que quiero.
-Y por eso nos dejas tirados a nosotros.
-No digas tonterías porque Carol y papá no piensan como tú. - Me acerco a ella y suspiro. - Mamá, no voy a discutir contigo. Sólo espero que te des cuenta de que con Malú soy feliz, y necesito que lo aceptes.
Inmediatamente suena mi móvil señalándome que ya ha llegado mi novia. Me despido de todos con besos y abrazos y bajo a toda velocidad. Por poco me mato. Escaleras y tacones no combinan tan bien como deberían. Lo primero que veo al salir del portal es su coche. Nada más entrar nos damos un beso y la miro de punta a punta. Se ha cambiado y deslumbra de una manera sobrenatural. Pienso incluso que, por un momento, todo el mundo depende de su luz propia. Lleva un vestido negro con detalles dorados. El maquillaje es escaso, porque no le hace falta, pero lo poco que lleva es perfecto. Y su pelo cae despreocupado, ese día parece más rebelde que nunca.
-¿Qué tal te lo has pasado? - Pregunta mientras arranca el coche.
- Muy bien, pero faltabas tú.
-Yo era la ñoña, ¿Verdad? - Me saca la lengua y se ríe.
Pues sí, estoy ñoña, ¿qué le voy a hacer? Me encanta decirle cosas bonitas. Merece la pena aunque sólo sea por ver la carita que me pone cuando lo hago. Está feliz y eso es gran parte de mi felicidad. Hemos vuelto a empezar y, aunque entre nosotras siempre ha existido una magia única, ahora se ha intensificado. A mi ya me da igual todo, porque sé lo que se siente al perderla. Y estoy dispuesta a hacer cada gesto como si fuese el último. Que cada caricia le deje huella, cada beso provoque fuego y un simple susurro deje su corazón enloquecido. El otro día, mientras hacíamos el amor, descubrí cuál es mi función en este mundo: es hacer que se sienta especial, tanto en el sexo como fuera de él. Dicen que todos tenemos que descubrir lo que queremos hacer en la vida, lo que nos da la plenitud. Y yo lo he encontrado en ella, en completarla y hacerle saber que ella me completa a mi.
En casa de sus padres es un espectáculo. No somos muchos, pero parecemos una multitud. Mis suegros, mis cuñados y la novia de José. Hay comida por todos lados y, sobre todo, música. Eso nunca falta en la casa. Hasta el pequeño Josete baila siguiendo el ritmo de la guitarra de su hermano. De pronto, se apagan las luces y empiezan a cantar el 'Cumpleaños Feliz'. Me siento en la silla más cercana y mi chica me agarra los hombros por detrás. Por la puerta de la cocina sale Pepi con una tarta, y mi sorpresa es mayor cuando la veo de cerca. En la parte superior del pastel hay un montón de fotos comestibles en las que salimos todos. Acaba la canción y me dicen que sople pidiendo un deseo. Y lo hago. No os voy a decir lo que pido por si las moscas, pero creo que os hacéis una idea de por dónde van los tiros.
-¡Los regalos! - Dejan la tarta en la mesa y aparece Josete con varias bolsas.
Abro primero los del niño, que por su gracioso aspecto los ha envuelto él seguro. El primer paquete es una foto nuestra puesta en un marco de macarrones de colores. También me regala una pulsera de gomas que ha hecho él y un dibujo. Me lo como a besos hasta tal punto que todo mi pintalabios ha pasado a su cara. No se para de reír.
- Ahora el nuestro. - Mi cuñado y su novia me tienden una bolsa rosa y cuando veo lo que hay dentro la cierro del golpe.
-¡Estás loco! - Me empiezo a reír como loca. Malú me quita la bolsa para cotillear y cuando ve el contenido se pone roja.
-Malú me dijo que te comprara algo que pudieseis disfrutar juntas. - Se ríe descaradamente. De nosotras, claro. - Yo sólo he obedecido.
-¿Qué es tanto misterio? - Mi suegra coge la bolsa y veo a mi chica deseando que la tierra la trague. - ¡Pero chiquillas! - Primero saca un conjunto de lencería rojo que estoy segura de que tapa menos de lo que debería. Es precioso, pero que mi suegra lo tenga entre las manos me mata de vergüenza. Después saca una caja con un tanga comestible. Mi suegro ya no sabe ni dónde mirar. Y, para terminar, saca algo que no sé lo que es, pero tiene pinta de ser para jugar en la cama. Pepi lo observa minuciosamente con los ojos como platos. - Pero niñas, ¿todo esto lo hacéis vosotras? Ay, señor.
-Pepi, deja a las niñas. - Interviene mi suegro.
-Ay, que sólo es curiosidad.
-Di que sí, no te preocupes. - Me acerco a Pepi. - Tú tranquila que ya te explicaré el jueguecito.
- ¿Qué dices? ¿Qué le vas a explicar tú a mi madre? - Malú me da un golpe en el hombro que sólo consigue sacarme risas y pone cara de no entender nada. No le voy a contar nada a Pepi, pero ver a mi chica indignada es demasiado gracioso.
- Cielo, que tu madre tiene una edad. No se va a asustar.
-Lo que me faltaba, que mi madre sepa lo que hago en la cama...
Durante el trayecto de vuelta a mi casa las carcajadas inundan el vehículo al recordar la situación. Malú me ha hecho jurarle que no voy a contarle nada de lo que hacemos o dejamos de hacer en la cama a su madre. Le ha dado más vergüenza el regalo a mi chica que a mi. Sus padres me han regalado un día de balneario para dos personas que puedo canjear cuando quiera. Todos los regalos me han encantado, pero aún falta uno. El más importante. Cuando estamos subiendo en el ascensor de mi edificio la abrazo por detrás y beso su cuello.
-¿Me vas a dar ya mi regalo? - Las puertas se abren y salimos del ascensor en la misma postura.
-Sí, pero cierra los ojos.
-Ya estamos... - Obedezco y escucho como abre la puerta. Después me coge de las manos y entramos en casa.
-No abras los ojos.
-Que no, pesada. - Paramos y, cuando ella me lo indica abro los ojos. No veo nada especial, simplemente estamos frente a la puerta del cuarto de invitados. - Vaya, muchas gracias, cielo. Me encanta el regalo.
-Imbécil, espérate a que abra la puerta.
Lentamente coge el pomo y va abriendo muy despacio. Sé que lo hace tan lento para aumentar mis nervios, y lo consigue. Cuando veo el interior la sorpresa es mayor de lo que esperaba. No queda ni rastro de la habitación de invitados. Ha cambiado absolutamente todo. No sé ni por dónde empezar a describir lo que veo. Ha quitado la lámpara. Ahora el techo es negro, y múltiples luces pequeñas alumbran la sala, como si fuera una noche estrellada. En el suelo hay dos grandes puffs, uno negro y otro blanco. Del techo también cuelgan algunas fotos nuestra, de viajes o, simplemente, de momentos especiales. En una de las paredes hay un panel, y descubro que es para un proyector cuando me fijo en la pared opuesta. Entro con paso dubitativo, observándolo todo minuciosamente. Ha reunido imágenes de las que ni me acordaba. Ya nos imagino sentadas en esa habitación, viendo en el proyector películas mientras nos comemos a besos. Y hay otra cosa en la habitación, quizá lo que más me gusta. Está justo en la pared de enfrente, que ahora es una pizarra magnética. Ha escrito, de su puño y letra, todos los puntos de la carta que le dí en Disneyland.
-Me dijiste que podrías ir añadiendo razones por las que me quieres cada día. - Toma mi mano y deja caer la cabeza en mi hombro. - Con esto puedes hacerlo. O podemos hacerlo, mejor dicho, porque yo también tengo muchas razones por las que te quiero.
Coge un rotulador que está enganchado a la enorme pared y empieza a escribir. "Te quiero por la cara que se te ha quedado cuando has visto esta habitación". Me río y tomo el rotulador para escribir por primera vez ahí. "Te quiero porque siempre aciertas con los regalos". Ahora nos reímos juntas, mirándonos a los ojos, de la forma más sincera que existe. Sabía que su regalo me gustaría, pero no hasta ese punto. Me ha regalado una habitación para crear recuerdos. Nuestra habitación. Se acababa de convertir en mi rincón favorito del mundo. Nunca tendré forma de agradecerle todo lo que me da. Porque me da más de lo que cree. Cada gesto es un regalo. Nos besamos. El espacio que quedaba entre nuestras bocas se estaba convirtiendo en un suplicio y debíamos apartarlo. Mis labios con los suyos son como un puzzle de dos piezas que encaja a la perfección.
El beso se va volviendo intenso, a la vez que sus manos juegan con mi pelo y las mías, vacilantes, inician un recorrido hasta la cremallera de su vestido. Con pasos lentos, vamos hasta uno de los puffs y nos dejamos caer. Ella sobre mi. Mi ropa va desapareciendo sin prisa, y la suya ya no sé dónde está.
Entre caricias y besos, su mano se posa en mi intimidad, haciéndome delirar con un placentero masaje. Pero yo también quiero que ella disfrute. Aparto mi mano de sus pechos y desciendo hasta una zona peligrosa, donde imito sus movimientos. La verdad es que no se me ocurre una forma mejor de estrenar esa habitación. Haciéndonos el amor y llegando juntas a la cumbre. Uno de sus dedos se abre paso en mi interior, y poco después añade otro. Jadeo y respiro como puedo. Pero sigo con ganas de llegar a mi objetivo, así que recojo fuerzas y también me cuelo en ella. En ningún momento dejo de besarla. Su boca, sus clavículas, su frente... Todo me vale. Sólo necesito sentirla mía. Con cada presión que hace en mi intimidad me vuelve loca, y yo intento dar todo de mi. Por sus gritos creo que lo consigo. Subimos el ritmo. Su sudor se mezcla con el mío. Nos estamos dejando el alma en lo que hacemos, y aún así tenemos ganas de más. Prolongamos el momento todo lo posible hasta que la explosión es inminente. Y, como yo quería, llegamos juntas. Nuestros gritos se funden formando uno sólo.
Entre caricias y besos, su mano se posa en mi intimidad, haciéndome delirar con un placentero masaje. Pero yo también quiero que ella disfrute. Aparto mi mano de sus pechos y desciendo hasta una zona peligrosa, donde imito sus movimientos. La verdad es que no se me ocurre una forma mejor de estrenar esa habitación. Haciéndonos el amor y llegando juntas a la cumbre. Uno de sus dedos se abre paso en mi interior, y poco después añade otro. Jadeo y respiro como puedo. Pero sigo con ganas de llegar a mi objetivo, así que recojo fuerzas y también me cuelo en ella. En ningún momento dejo de besarla. Su boca, sus clavículas, su frente... Todo me vale. Sólo necesito sentirla mía. Con cada presión que hace en mi intimidad me vuelve loca, y yo intento dar todo de mi. Por sus gritos creo que lo consigo. Subimos el ritmo. Su sudor se mezcla con el mío. Nos estamos dejando el alma en lo que hacemos, y aún así tenemos ganas de más. Prolongamos el momento todo lo posible hasta que la explosión es inminente. Y, como yo quería, llegamos juntas. Nuestros gritos se funden formando uno sólo.
-Muchas gracias. - Digo exhausta. - Por todo. Te quiero.
- Ya también te quiero.
-¿Preparada para la fiesta de esta noche? - Me pregunta mi chica. Estamos sentadas en la terraza de mi ático. El sol ha salido hace poco y las vistas anaranjadas son preciosas.
-Estoy deseando que llegue. - Guiño un ojo y la beso. - ¿Le mandaste las invitaciones a tus amigos?
-Claro, todos me han confirmado que vienen. Incluso Orozco, que tenía dudas. ¿Y tú? - Mi mira. - No me has dicho aún a quién has invitado.
- Pues a la mayoría les conoces. - Pienso en la gente que viene, casi todos son amigos de toda la vida, aunque ahora tenemos menos relación. Malú me dijo que invitara a quién quisiera, siempre y cuando pudiéramos confiar en que no lo irían contando en la prensa. - He invitado a Susana, Raúl, Marta, Luis, Sara...
- Eh, eh. Espera. - Me interrumpe con malos gestos. - ¿Marta? ¿En serio? Patri, no me jodas...



No hay comentarios:
Publicar un comentario